
Asociar una moneda o un billete a valor económico es probablemente uno de los errores mas comunes en la sociedad. Una moneda en nuestros días solo vale lo que la gente quiere que valga, lo que la gente confía valga, pero esto no siempre ha sido así.
El dinero es un concepto mucho más grande que el de la moneda, y en muchos casos el valor de la moneda no reside ni en su material ni en su poder adquisitivo, si no en su historia, en lo que cuenta.
Para explicarlo de una forma más sencilla, el dinero ha existido siempre y la moneda no. Cuando el sistema de economía era el trueque los animales eran dinero, los alimentos eran dinero, los textiles eran dinero, etc. El problema que tenía este formato era que no contaba con un criterio común y a nivel organizativo todo era mucho más complicado. Por eso llegaron las primeras monedas, su valor se basaba en el valor del material del que estaba hecha, una moneda de oro valía lo que costaban los gramos de oro con los que estaba hecha, la idea mejoraba a lo anterior, sobre todo cuando el Estado empezó a controlarlo, que estuviese sellado y garantizado aumentó la confianza del pueblo en ese sistema económico.

Y es que eso es el dinero, confianza, pagarés que nunca se cobrarán pero que puedes transferir. Las monedas nos cuentan la historia, los reyes de cada país, sus principales figuras históricas e incluso podemos deducir sus recursos naturales en base a los materiales de las monedas, pero más allá de eso (que no es poco) todo su valor es una ilusión.
Dependiendo de la época a la que viajes una bolsita de sal valía mas que cualquier moneda, o el más rico era el que más piedras tenía, porque el secreto de la economía es no pensarlo mucho y simplemente tener fe en el sistema.